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domingo , 17 diciembre 2017
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EL ZAPATO GRIS

EL ZAPATO GRIS

Santiago Vásquez

Escritor ahuachapaneco

 

Un chupamirto se paró en la flor de un pequeño árbol, viagra sale ubicado frente a la casa de los Mendoza, help aquel diminuto pajarillo, store revoloteaba suspendido en el aire como haciendo una maniobra para aterrizar de emergencia en un terreno baldío, después de experimentar un lamentable inconveniente. Aquella escena pasaba desapercibida para los habitantes del  lugar lleno de mucha cotidianeidad, no así para el Canelo, un hermoso gato que siempre estaba alerta a cualquier movimiento para emprender su cacería, sólo era cuestión de tiempo, con una gran maestría aprendida por la necesidad de sobrevivencia, se agazapaba tendido en el suelo, sin desprender un solo instante su zagas mirada hacia la presa, hasta lograr su objetivo.

¡Ya es hora de levantarse niños!

Era el llamado de Claudia, había que comenzar el día y la faena no perdonaba un solo instante de descuido.

El reloj se preparaba para dar las acostumbradas seis campanadas, anunciando la mañana.

Tino Mendoza, salió envuelto en una bata muy colorida después de disfrutar de una refrescante ducha.

Todos se sentaron a la mesa, era el momento del desayuno, Tulio, Gladis, Gerson y la pequeña Jenny, de dos años.

Al lado izquierdo y colgando de la pared, se exhibía un hermosa pintura traída desde Italia en un viaje que realizaría hace tiempo un amigo de la familia y quien decidiera regalárselas como una buena muestra de aquella amistad que los unía desde varios abriles.

El calor sofocante del mes de marzo, era insoportable en aquella ciudad.

Los niños se dirigen al colegio donde estudian todo el día, mientras don Tino se despide de su esposa, expresándole con un profundo abrazo todo el amor que por ella siente, ella sonríe llena de una felicidad inexplicable.

Piensa:

-¡Mi Tino, es un buen esposo!

Bandadas de gaviotas y garzas se desprenden de la arboleda del parque, formando una verdadera nube de algodón, vuelan sin rumbo, atolondradas por encontrar una gota de agua para calmar la sed.

Claudia, adornada con unas elegantes prendas de oro y esparciendo un finísimo aroma Italiano, se sienta en un sillón de la sala, se quita las pantuflas y se acomoda tranquilamente, son las nueve, de pronto.

RINGGGGGG…RINGGGGGGG…RINGGGGGGG…

El corazón le salta de emoción al escuchar la llamada, corre. Toma el teléfono y contesta muy prudentemente:

¡Aloooooo!

¡Mi amorrrrr……..!

¿Cómo estamos?

-Muy bien, ahorita llego, dentro de cinco minutos.

A  una cuadra de la casa  se detiene un vehículo, se baja el conductor y se dirige hacia donde lo esperan  ansiosamente; aquel hombre de aproximadamente 1.80 metros de estatura, delgado y de ojos claros, toca el timbre, Claudia lo espera lista para abrir de inmediato la puerta, entra.

Aquellas dos almas como poseídas por el más extremo, profundo y extraño hechizo de amor,  no se dicen ni una palabra, guardan un delicado silencio y se   abalanzan, abrazándose como si fuera la primera vez que se conocieran.

Un sensible llanto se escucha en el sofá de la sala, es la pequeña Jenny que trata de acomodarse para seguir con su obligada siesta.

Aquel hombre toma a Claudia entre sus brazos y se dirigen a la alcoba, aquellas impecables sábanas los esperan como el riachuelo espera a los más desesperantes emigrantes caminando a pleno desierto, tratando de encontrar una mínima calma a su fatiga.

Manuel, exclama para sí:

¡Qué hermosa!

¡Parece una diosa!

Y confirma sus  palabras:

¡ES UNA VERDADERA DIOSA!

Ella, se sienta a la orilla de la cama, Él,  de pié frente a ella, le mira como un niño que admira y lo hace feliz su primer juguete que le han regalado sus padres.

No se dicen ni una palabra, el silencio es la compañía para expresarse con hechos lo que tiene que contarse.

Con un temblor de cuerpo por la emoción de aquel momento, se desabotona el elegante vestido, el cual cae al suelo como una furiosa cascada al fondo de un río, le siguen una a una las demás prendas, casi al mismo tiempo, el hombre, congelado por el deseo, se desviste lentamente, hasta quedar con su delirante piel dibujando peces en un arroyo lleno de furia.

Una danza entre sábanas, almohadas y perfumes, se desata para dar paso a la más ardiente pasión.

Con un sofocante ímpetu, el sudor corre por aquellos cuerpos; el ambiente desprende gemidos, locura, miradas perdidas, deseos de fugarse a un mundo desconocido.

Claudia suelta su delirante entrega, entre vibrantes suspiros, aquellas bocas solo tiene tiempo para un temblor de lágrimas de emoción.

Los cuerpos de aquellas almas se confunden como dos siluetas dispuestas a arder en las llamas de un implacable infierno del placer y desaparecer en las cenizas de la sinrazón, los pechos de Claudia, se alistan para soltar una terrible explosión, como la erupción de un volcán que desliza su lava por los brazos de Manuel.

Después de aquella desbordante batalla de amor, librada con las mejores armas en la conquista de una tierra desconocida, dos sombras quedan exhaustas en la tibia soledad de la alcoba, con sus miradas cansadas y llenas de aroma de nardos.

Unos minutos después, la acción se repite nuevamente y como dos adolescentes conociéndose a primera vista, se miran como dos criaturas divinas entregando la esencia de sus deseos.

Las horas se marchan, la despedida es tan impresionante que no quieren alejarse uno del otro, pero, uno de ellos tiene que marcharse.

El ladrido de un pastor alemán, inquieta a los pasajeros de un bus que viajan a sus trabajos, haciéndolos saltar del susto.

Don Tino, está por terminar su faena en la oficina, toma el teléfono y llama a su casa.

Son las once de la mañana.

-Hola mi amor,

¡TE AMO CLAUDIA!

Ella sonríe con una alegría inexplicable y le contesta.

-Te espero mi amor, no tardes.

El cielo desprende pequeñas quejas que nadie entiende.

Canelo sigue a la espera de otro chupamirto para darle cacería.

Con Jenny en sus brazos, camina en el corredor de la casa llena de recuerdos y felicidad, en ese momento, siente por la espalda un escalofrío, son las manos de su esposo que le anuncian su llegada, lleno de alegría, toma la cintura de su mujer y la acaricia levemente con una insinuación de deseo repentino.

-¡Ya llegó por quien llorabas mi  cielo!

Le dice con gran emoción.

Ella baja la mirada y lo abraza.

Tino se dirige a la refrigeradora, toma un vaso de agua helada y se va directamente a la alcoba, se sienta en la cama,

En ese instante, algo le llama la atención, es un zapato café que esta sobre el sofá grande, lo toma en las manos y le pregunta a Claudia.

-¿Quién ha lustrado ese zapato de café. No ven que es gris.

¿Y el otro, dónde está?

¡De seguro ha sido alguno de los niños, exclama algo molesto!

Ella no dice nada, el mismo silencio que la atrapó en aquella fogosa entrega, lo guarda para no despertar sospechas..

Mientras tanto en la casa de Manuel, su hijo de apenas siete años, se ríe a carcajadas.

-jajajajajajajaja jejejejejejejejejeje hayyyyyyyy jejejejeje

Eloísa, la esposa de Manuel, le pregunta al niño:

¿Qué te pasa Fernando?

El  pequeño se le queda mirando a su papá y señalando a los pies exclama:

-Es que mira a mi papá jejejejejejejejejeje

Trae un zapato café y uno gris, jejejejejejejeje

Una canción de cuna duerme a la pequeña Jenny, mientras el Canelo sigue vigilante a su próxima presa.

Un sudor helado le corre por la frente a Manuel, mientras don Tino, sigue molesto por el zapato café que encontró en el sofá de su casa.

La mujer de Manuel exclama abrazada a los brazos de aquel elegante hombre.

-Hasta cuándo van a aprender a ser ordenados.

¡Que cuesta con los hombres!

Todos rieron.

 

 

 

 

 

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