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lunes , 11 diciembre 2017
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El segundo año de gobierno en perspectiva

Luis Armando González

Estamos a las puertas de la culminación del segundo año de gestión del Presidente Salvador Sánchez Cerén. De entrada se tiene que decir que se ha tratado de un año sumamente intenso no sólo en el ejercicio gubernamental, advice sino en la dinámica general del país, caracterizada por inercias, herencias y tensiones con las cuales el Ejecutivo ha tenido, inevitablemente, que vérselas. En este sentido, en su segundo año, el quehacer gubernamental ha estado sometido a fuertes presiones, algunas emanadas de herencias e inercias estructurales y otras surgidas de arremetidas –diseñadas y ejecutadas conscientemente— encaminadas a obstaculizar su desempeño o, en algunos momentos, a debilitarlo y desestabilizarlo.   

En ese contexto, a veces gastando valiosas energías en atender las arremetidas provenientes de sectores de la derecha política, empresarial y mediática, el Ejecutivo no ha dejado de atender sus responsabilidades en la atención de las dinámicas estructurales que son las que, en definitiva, determinan la suerte de la sociedad salvadoreña en su conjunto. Precisamente, son los esfuerzos por atacar estas dinámicas los que han dotado al ejercicio de gobierno de una intensidad extraordinaria, que es lo que se desprende de las exigencias programáticas del Plan Quinquenal de Desarrollo (2014-2019).

Por cualquiera de los flancos que se analice el segundo año de gestión del Presidente Sánchez Cerén, el Plan Quinquenal es el marco obligado de referencia. Por supuesto que la ejecución y concreción de los lineamientos del Plan Quinquenal de Desarrollo (2014-2019) no han transcurrido en el mejor de los mundos posibles, sino en un contexto –como se señaló antes— de adversidades, esfuerzos encaminados a obstaculizar el buen desempeño del gobierno y campañas desestabilizadoras. Sin embargo, pese a lo anterior, desde el gobierno nunca se perdió el impulso en este segundo año ni se dejó de prestar atención a los compromisos estratégicos con la sociedad salvadoreña.

Ocupan un primer lugar los compromisos sociales, que van desde lograr avances significativos en materia de seguridad hasta garantizar los derechos de la gente en materia de educación, cultura, salud, vivienda y un medio ambiente protegido. En cada uno de esas áreas, el empeño del gobierno no ha tenido más límites que las limitaciones financieras impuestas por unas condiciones que le son ajenas, pero en las cuales ha tratado de incidir de todas las maneras posibles.

En segundo lugar,  los compromisos económicos, que abarcan un amplio abanico de acciones que van desde la potenciación de la infraestructura vial, puertos y aeropuerto hasta los incentivos a las empresas, salario mínimo, reforma de pensiones y relaciones diplomáticas en pro de la inversión y la cooperación internacionales. El gobierno del Presidente Sánchez Cerén ha hecho lo que le corresponde, en los planos local e internacional, para propiciar un buen desempeño de la economía. Lamentablemente,  importantes sectores empresariales no sumaron sus esfuerzos a la estrategia de desarrollo emanada del gobierno, con lo cual  se le estaría cambiado, de manera significativa, el rostro al país en materia económica.

En tercer lugar, los compromisos políticos, que van desde la profundización de la democracia, especialmente en el ámbito de la participación ciudadana, hasta el fortalecimiento de las instituciones del Estado, con miras a atender los graves problemas de la sociedad.

Es inevitable no detenerse en este rubro, pues es aquí donde el gobierno de Sánchez Cerén está dando lugar a innovaciones que marcan rupturas importantes con el pasado, en lo que se refiere al ejercicio político.

Una importante innovación se refiere a la cercanía del equipo de gobierno con los ciudadanos. Esto se traduce en una nueva forma de entender la relación de los gobernantes con los gobernados, a partir del diálogo franco, crítico y con finalidad práctica –como sucede justamente en el “Programa Gobernando con la Gente” y con el “Festival para el Buen Vivir”. Asociado a esto se fragua una visión del ejercicio público como servicio a la gente, lo cual da pie a una crítica a la política tradicional según la cual es la gente la que debe servir al funcionario, y no a la inversa. Un ejercicio público cercano a la población, en diálogo con ella, favorece la participación, lo mismo que favorece la transparencia, la corresponsabilidad, la aceptación de la diversidad, la tolerancia y la libertad de disentir.

Estos últimos valores son fuertemente fomentados por la filosofía del Presidente Sánchez Cerén de crear espacios formales de diálogo, a través de distintos consejos, en los cuales se no sólo se  debaten con libertad, transparencia y visión de país temas cruciales para la vida nacional (en materia de seguridad, de educación y de sustentabilidad  ambiental, por ejemplo), sino que se toman decisiones encaminadas a atender esas problemáticas.

Los compromisos señalados son los que van marcando el rumbo de El Salvador y son los que le van dando un nuevo rostro a la sociedad salvadoreña. En la medida que se van concretando, en esa medida El Salvador va cambiando.

Claro está que se concretan poco a poco, incluso a veces de forma escasamente visible. Se hacen realidad con dificultades y obstáculos; y lo que es peor, no está garantizado que automáticamente lleguen a los resultados finales deseados. Hay que trabajar a diario para seguir avanzando. Se necesitan consensos políticos y sociales para ello.

También se necesitan recursos económicos. Pero en este segundo año de gobierno se han vencido obstáculos y se han superado dificultades. Y, lo que es más importante, el rumbo estratégico nunca se perdió. Después del 1 de junio, el Plan Quinquenal de Desarrollo (2014-2019) seguirá haciendo prevalecer su lógica, que es la lógica del Buen Vivir.

  

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