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jueves , 14 diciembre 2017
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El premio a la soberbia y prepotencia, es la derrota

Jaime CalderonJaime Calderón*

Y bueno, view ya pasamos una página más en nuestros procesos electorales, patient que mal dicen quienes los definen como la esencia de la democracia, ya que si en los acontecimientos sociales de importancia la participación real del individuo, su inclusión y el respeto que merece del estado o del gobierno, no son el norte de quienes gobiernan, entonces la democracia no es sino retórica demagógica confundida en los falsos antivalores impuestos por el estado manoseado por el poder económico.

Antes de las elecciones del 2 de febrero había dos polos importantes que discursivamente eran la esencia de una bipolaridad social muy propia de las democracias inmaduras y falsas, uno de ellos con un criterio derechista de la democracia antidemocrática, que siempre fue la forma de gobernar de un poder hegemónico en beneficio absoluto de no más de veinte familias, sustentada en el burdo concepto de una democracia mediocre e inhumana, valiosa si los criterios se imponían desde arriba, desde la corrupta opulencia en detrimento de las inmensas mayorías, por medio del usufructo de los bienes públicos, el abuso del libre mercado en el manejo nunca regulado de los servicios y el voraz comercio siempre en contra del pobrísimo poder de compra que ha sufrido eternamente el consumidor de clase baja, y la ocurrencia de las estrategias adormecedoras de la política neoliberal,  generadora de hechos socioculturales que solo adornan y engalanan la miseria sufrida por los millones de seres humanos, enlistados en la clase trabajadora, sometida por medio de un sistema educativo a las aspiraciones mediocres del solo llegar a ser mano de obra barata para un mercado muy caro.

La democracia que mastica la derecha recalcitrante siempre se perfiló como un adefesio filosófico atorrante, vulgar, vergonzoso, cínico y absolutamente falso;  atractivo nada mas, para los pocos que siempre se han aferrado al poder por medio de la fuerza y el abuso, en donde los verdaderos millonarios que son los menos, han hecho de la cosa pública una fuente de ingresos inagotable, de las que siempre han succionado cualquier beneficio monetario y  otros bienes, que si ésta clase hubiese sido un poco inteligente y algo honesta, pudo distribuir una parte de las ganancias exageradas a las que siempre ha estado acostumbrada, invirtiendo en algo que beneficiara a la clase salarialmente explotada, pudiendo ser bien vista por el ojo crítico con conciencia de clase, para poder sostenerse en el poder sin tanto conflicto, y quizás tolerable para esa clase trabajadora constituida por el jornalero, campesino, comerciante en pequeño y el gran ejército de obreros, que por su nivel de entendimiento y comprensión de los fenómenos sociales, siempre se han conformado con que el poder económico, religioso, político y cultural les permita pasar la vida, con salarios de hambre, subsistiendo ante la falsedad de una democracia insustancial en la erradicación de la pobreza y el crecimiento equitativo o justo para la sociedad en general, cayéndose en la mugrosa condición de una democracia formal de derecha, que por suerte ha llegado al estadio más deteriorado, irremediablemente irreversible, irreparable y casi al límite de su caída absoluta.

La mentira, la desvergüenza, el cinismo, el fraude electoral, la imposición de regímenes inhumanos, mediocres y criminales, no iban a ser formas eternas de gobernar; el robo descarado del tesoro público, la imposición de leyes fundadoras de tanta desigualdad e injusticia, la soberbia de la clase pudiente, dueña de las riquezas descaradas y desproporcionadas ante la miseria y pauperismo de los siempre marginados, no iban a quedarse para siempre en ese manejo sucio y aprovechamiento desigual de la empresa-estado-empresa, estilizada por esos sectores tradicionales de poder; la represión militar o paramilitar escuadronera, el crimen basado en las políticas de estado que llevaron al exterminio de hombres y mujeres con alto valor humano, no iban a quedar por siempre en la sombra maligna y pervertida de la impunidad y la no aplicación justa de las leyes; la sordera, ceguera y la inexistente solidaridad de la derecha, no alcanzarían edades inmemorables.

El Salvador  ha comenzado a darle vuelta al ciclo injusto de la gobernabilidad miserable e inhumana de las clases dominantes, amparado a las condiciones de gobierno de casi todo el mundo, que como elemento renovador y reivindicativo de las dignidades humanas y las soberanías violentadas, son ya las formas de gobernar donde el experimento antidemocrático perjudicó los derechos e intereses de los mas pobres de los pobres; la democracia real de izquierda que se está gestando actualmente en El Salvador justo, humano y solidario, demuestra que la participación equitativa de todas las fuerzas vivas en el asunto del estado y la inclusión absoluta de todos y todas en la construcción de una nueva nación, dibuja el perfil de la sociedad que debimos empezar a construir desde cuando se independizaron los criollos adinerados ante el imperio hispano; la distribución equitativa de los bienes y tesoros obtenidos por el estado por medio de sus medidas fiscales, debe ser el norte de un verdadero desarrollo, sostenido y solidario, visionario en una condición humana que si antes era utopía, ahora puede ser la esencia de gobiernos justos, que relancen la inquietud de libertad e independencia por la que siempre se ha luchado y abonado con sangre de héroes y mártires que nos hicieron soñar y luchar por la justicia, sueño que está a punto de consolidarse ante la rotunda y contundente victoria a favor del pueblo en la segunda vuelta electoral del 9 de marzo.

*Director del Centro de Investigación Cultural y Artística Razamaya.

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