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Jueves , 21 Septiembre 2017
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El Papa y Cuba

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Jorge Mario Bergoglio es el primer jesuita de toda la historia de la Iglesia que llega a ser elegido Papa. Paradójicamente, online la formación, los votos, las Constituciones y normas de los jesuitas están orientados para renunciar a las “dignidades eclesiásticas”. Pareciera que asumir una responsabilidad de la magnitud del Pontificado se haya caído en contradicción. ¿Qué hay detrás de este cambio tan radical en la vida de un jesuita? Ciertamente hay un proceso de discernimiento personal de su vacación, al verse llamado por el Papa Juan Pablo II a desempeñar la tarea pastoral de Obispo primero, y luego de Arzobispo de Buenos Aires. Llamado en el cual Bergoglio percibió la acción de Dios. En verdad, Dios siempre se revela libremente con una novedad asombrosa para actuar en la historia y crea más posibilidades de las que podemos ver. Tiene un proyecto que poco a poco nos lo va haciendo conocer. Por caminos inesperados, el jesuita-arzobispo y cardenal Bergoglio es nombrado Papa y desde allí se dispone a servir a la Iglesia, al mundo y a Dios. Ahora el Papa Francisco viaja a Cuba. ¿Cuál es su propósito? Descubrimos en él un perfil que destaca dos cosas: la primera es un espíritu misionero con un liderazgo carismático, mediático, atractivo para la gente. La segunda, es su capacidad de trascender su gobierno como “Obispo de Roma” para darle un carácter universal. Va fuera de Roma, visita Brasil, Ecuador, Bolivia, Paraguay y ahora prepara su visita a Cuba y Estados Unidos. Para entender al Papa Francisco hay que remontarse al cambio y la transformación de la Compañía de Jesús después del Concilio Vaticano II, acontecimiento que propició una actualización del carisma de los jesuitas, que se expresa en la defensa de la fe y la lucha por la justicia como exigencia de esa misma fe. Esto ocurrió a mediados de los años 70’s. Después, se ha dado en la Compañía de Jesús otros pasos importantes en la comprensión de su misión que han ido enriqueciendo esta opción fundamental, y que han sido asumidos por el mismo estilo y talante del Papa Francisco: fe y justicia, el diálogo ecuménico e interreligioso y la inculturación son los componentes fundamentales de la misión de los jesuitas. Jorge Mario Bergoglio asumió esta misión desde su episcopado y ahora lo hace desde su pontificado. Esta sensibilidad apostólica se muestra haciendo las veces de propulsor  y mediador del diálogo entre el Presidente Raul Castro y el Presidente Barack Obama.

¿Por qué el Papa se preocupa por Cuba?, y también, ¿por qué sirve como mediador para que Estados Unidos dialogue y cambie su política exterior con respecto a Cuba? Hay puntos de convergencia y también aspectos diferentes del Papa con respecto a ambos mandatarios. Primeramente hay que recordar que el Estado Vaticano nunca rompió relaciones políticas – diplomáticas con el Estado de Cuba. La cercanía del Papado al Estado Cubano ha sido siempre una constante en la política vaticana. No ha existido  distanciamiento ni ruptura político diplomática entre el Estado Vaticano, del cual el Papa es su representante, con respecto a Cuba. Sin embargo, su preocupación no es de carácter política, sino que es eminentemente apostólica y pastoral. Dicho en pocas palabras, ¿cómo es posible que los Estados Unidos y Cuba vivan en un mundo unido e interconectado por una globalización cada vez más fuerte y paradójicamente ambas naciones tengan representantes políticos cuyas relaciones se caractericen por la enemistad, la división  o la fragmentación estando a 90 millas la una de la otra? La labor hecha por el Papa a favor de ambos países muestra que en esta globalización fragmentada y dividida construimos muros pero no edificamos puentes entre los pueblos, demarcamos fronteras o las cerramos pero no tejemos redes de solidaridad ni reconocemos los derechos ciudadanos de libre movilidad entre los pueblos empobrecidos y los países que viven los beneficios del desarrollo. Es tiempo de construir puertos y puentes, no de construir muros que distancian y separan; es tiempo de enriquecernos humanamente para que haya una mayor integración personal y familiar. Es tiempo de esperanza y dar lugar a nuevas relaciones que nos beneficien a todos y nos hagan más solidarios y más hermanos. No se trata de una cruzada religiosa confesional, se trata de escuchar los clamores de los pueblos y apostar por un mundo diferente en el que nos podamos encontrar todos, con sus riquezas y sus pobrezas, con sus opciones políticas propias, algunas más afines y otras diferentes. En el caso particular de estos dos países hay un tema muy importante que casi siempre está ausente en los análisis y es el tema de la familia. En definitiva, es la que más ha sufrido y la que más beneficios tiene con estos cambios necesarios para el cuidado de las personas y la satisfacción de sus necesidades materiales. Cuántas familias hay que están separadas por las distancias geográficas, políticas e ideológicas. Cuantas familias hay en el mundo que han sufrido la ruptura y la separación por conflictos políticos, las migraciones, muchas de las cuales se dan por causas de carácter económico y otras son provocadas por causas de la violencia y las guerras. Nosotros también lo hemos vivido en el país y en la región de Centroamérica.

Los lazos entre Cuba y Estados Unidos siempre han existido. Hay muchos cubanos residentes en Estados Unidos que siempre han amado su tierra natal y se han mantenido cerca de sus familiares y amistades que tienen en la Isla. Hay muchos que retornarán a su tierra para reencontrarse con sus raíces. Sin embargo, hay que decir que Cuba hoy más que nunca tiene puertas abiertas y relaciones diplomáticas con todo el mundo, ahora incluso con los Estados Unidos. La apertura es de ambos gobiernos, el gobierno de Barack Obama y el gobierno de Raul Castro. No se trata solo de que Cuba se va a enriquecer con el cambio de política exterior de los Estados Unidos. No olvidemos que uno de los grandes aportes que nos ofrece el pueblo cubano para el mundo son sus remesas culturales, remesas de resistencia, solidaridad, riqueza humana e histórica que no tiene precio. Hoy el mundo se ha enriquecido más con la fraternidad del pueblo cubano que trasciende más fronteras. Su apertura es a todo nivel: económico y comercial, turístico, político-diplomático, cultural, etc. Algo nuevo está surgiendo y esperamos que sea para que exista más solidaridad y fraternidad entre los pueblos. La solidaridad y la fraternidad es la ternura de los pueblos.

El Papa ha animado a ambos gobernantes, al Presidente Raul Castro y también al presidente Barack Obama para dar este paso tan importante. Hay que aplaudir la apertura de la política exterior de los Estados Unidos y también la del gobierno de Cuba. Auguramos un tiempo de esperanza para todos en el continente y en particular para el pueblo cubano que tiene una riqueza extraordinaria que regalarnos a todos.

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