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Miércoles , 23 Agosto 2017
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El Fmln: la victoria hoy es la señal del Futuro

Oscar A. Fernández O

Oscar A. Fernández O

Oscar A. Fernández O.

La ultraderecha y sus patronos los oligarcas-burgueses vernáculos, sovaldi que aunque mermados, prescription subsisten, están acostumbrados en éste y otros países de América Latina, a que cuando ven amenazado su poder tradicional, dan golpes de Estado y asesinan gente. Hay que recordarles a estos señores y a sus cada vez menos inteligentes testaferros políticos, que hoy vivimos otros tiempos, tiempos de cambios y auge de fuerzas progresistas y revolucionarias, tiempos de construcción de democracia y pluralismo popular, y que precisamente la lucha electoral es una parte de los mecanismos de la estrategia para quitarles el poder y disponerlo al servicio del pueblo, como siempre debió haber sido.

La expansión capitalista exige la imposición del libre mercado y en consecuencia el desmonte del Estado Nacional, obligando a nuestros países al pago de la llamada deuda externa, sometiendo a nuestros pueblos a la explotación, el hambre y la miseria. En la búsqueda de este objetivo se nos impuso el recetario del Fondo Monetario Internacional (FMI). Nuestros pueblos sufrirían el impacto de las privatizaciones de las empresas del Estado, la desregularización laboral, la eliminación de los subsidios, la liberación de los precios y de las tasas de interés, el incremento sustancial de las tarifas de los servicios públicos, la pérdida de las conquistas en materia de seguridad social, la reducción de la inversión social, entre otros. La aplicación de estas medidas impactó las condiciones de vida de la gran mayoría, generalizándose el descontento y provocando la reacción de los pueblos. Los pueblos perdieron la confianza en los gobiernos, en los partidos derechistas y en las instituciones burguesas.

Esta victoria del FMLN en El Salvador, la consolidación del Sandinismo en Nicaragua, el avance sin precedentes en Honduras del Partido Libertad, formado por fuerzas progresistas y revolucionarias, y el insólito caso costarricense dónde la derecha se retira del proceso electoral que se desarrolla en segunda vuelta, después de perder apoyo popular, nos evidencia un giro a la izquierda en la política centroamericana y refuerza el avance político de las fuerzas democráticas y revolucionarias en América Latina.

Conectado con la decepción de los electores, en los últimos años, ante el incumplimiento de las  promesas de crecimiento y estabilidad que acompañaron a las reformas estructurales basadas en el Consenso de Washington, se consideran tres factores adicionales, para el avance del FMLN. El primero es el proceso de construcción de un modelo social alternativo y de política económica, que sienta las bases para una transformación a largo plazo, del sistema capitalista depredador, que tiene a su base la maduración de las fuerzas productivas dentro de unas condiciones reales que no se pueden ignorar. No podemos dejar de ver la realidad actual, la situación de América Latina y del mundo entero, han cambiado  enormemente en relación a la época que vivieron el Che y Fidel. El segundo es el fuerte efecto potencial que ha producido en amplios sectores sociales y políticos de América Latina, el avance del proceso revolucionario en Venezuela liderado por y el PSUV y su fundador Hugo Chávez (QEPD), el cual ha generado una respuesta contrarrevolucionaria brutal que ya hemos analizado en otros escritos, auspiciada por poderosas fuerzas foráneas, llevándonos a una campaña sediciosa en la que el poder tradicional conspira para acabar con las fuerzas democráticas y revolucionarias y recuperar sus viejos privilegios. ¿Piensan hacer lo mismo en El Salvador? debemos preguntarle a la oposición pro-oligárquica-burguesa. El tercero es el crecimiento de la pobreza, de la marginación y de la frustración, que han creado sociedades brutalmente polarizados entre la opulencia de pocos y la penuria de las masas.

En este sentido, un asunto de capital importancia en este contexto consiste en esclarecer que la presencia cada día mayor de los movimientos y las fuerzas populares como actores políticos, es un desafío a la vieja democracia representativa y una verdadera oportunidad para ventilar y consolidar los avances democráticos ya conseguidos a través de una nueva ola de democratización alternativa.

Los partidos tradicionales enfrentan un desafío “desde arriba” por el debilitamiento del Estado como referente de la acción social; lo enfrentan también “desde el medio” por los propios problemas de reorganización del sistema partidista; y puede decirse que lo enfrentan también “desde abajo”, por las nuevas organizaciones y movimientos que parecen debilitar su papel en la sociedad. Pero el FMLN, a pesar de sus más acérrimos críticos, ha sabido superar estos escollos y reafirmarse como el partido de la gente, del pueblo, de los excluidos y marginados, de los eternamente invisibilizados. Es el partido de las mayorías y esto no es poesía…es demostración.

En El Salvador, estas elecciones confirman el crecimiento de simpatía y concordancia, de una gran parte de la población, con la visión de país que ha comenzado a forjar el FMLN. Hemos de profundizar una política social que revalide las actuales acciones que en este campo ha realizado el presente gobierno, también impulsado por el Frente, y si como lo hemos dicho, logramos acompañarlo de una fase de crecimiento económico, seremos un ejemplo para la región centroamericana. Esto sin duda es un gran reto a la imaginación y la creatividad política. Debe ser la utopía realizable.

Pero no se puede avanzar hacia los cambios estructurales, decía nuestro recordado camarada Schafik Handal, si no es por la vía de la transformación democrática, junto al pueblo, por la vía de la justicia social.

Hoy después del apretado triunfo electoral en el que nuevamente ha vencido el Frente, habría que destacar varios componentes: primero, que la derecha volvió a unirse frente a su enemigo el FMLN, es decir, que el FMLN venció a la derecha unificada para esta segunda vuelta electoral. Segundo, la oposición derechista, sobre todo el partido de los fascistas y oligarcas-burgueses, incurrió en todo tipo de patrañas y amaños, para lograr incrementar su voto; lamentablemente las campañas mediáticas deformadoras de la verdad, lograron impactar en las aún débiles reflexiones de algunos sectores de la llamada “clase media”. Tercero y esto lo afirmo relativizando el término, parece que por momentos nos atuvimos de los resultados muy favorables obtenidos en la primera vuelta, en la cual, de no haber sido por esos inventos confusos de la democracia burguesa (segundas vueltas) ya se demostraba una victoria definitiva y contundente. La mayoría había hablado, entendiendo que la mayoría no es el cincuenta por ciento de los electores, pues estos se dividen en las distintas opciones.

Lo que debe destacarse dentro de este épico triunfo del FMLN, es el hecho inédito en América Latina, que el presidente y vicepresidente electos de nuestro país, son dos luchadores sociales, revolucionarios históricos, con quienes hemos batallado por más de cuarenta años por construir un El Salvador justo, libre y soberano, ofreciéndoles a las fuerzas progresistas y a aquellos que quieran un mejor El Salvador, que nos acompañen en esta titánica e histórica tarea de construirlo juntos.

Por eso y muchas cosas más, hay que terminar de darle a esa derecha recalcitrante, el remate político en la batalla que se avecina en 2015, para tomar y reforzar las alcaldías y la Asamblea Legislativa, desde donde debe apoyarse el camino a la democracia alternativa y al poder popular, trazando las líneas que configuren el nacimiento de un nuevo estado verdaderamente democrático.

No podemos perder de vista, que en términos supranacionales, frente al brutal capitalismo globalizado y formulando como hemos dicho, una proyección a largo plazo, no queda otro camino sino es como un bloque integrado latinoamericanista. No se trata de un mero voluntarismo, al decir de Garretón (2006), hay que enfrentar los problemas más urgentes, pero que implican siempre el predominio de la dimensión política.

¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!

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