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viernes , 17 noviembre 2017
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El dilema/odisea del escritor nacional

RenanRenán Alcides Orellana

El dicho popular “repicar, viagra sale oficiar la misa y pasar la balanza”, unhealthy para significar que alguien realiza todas las actividades (proceso) de un proyecto, seek parece ser una constante que define la labor del escritor salvadoreño, quien -valgan las mínimas excepciones- para dar a conocer su obra, la crea, se  autopublica y se va por el mundo, casa por casa, de amigo en amigo, para poder promoverla y resarcir un poco -nunca toda- la inversión que hizo en la imprenta.

Y si -por esos milagros, en este caso inexistentes- el escritor lograra recuperar el total de lo desembolsado ¿quién le reconocerá la creatividad, el talento, la redacción a veces de años y, lo más grave, el esfuerzo personal para la divulgación y promoción de su libro? Además, del lento movimiento en las librerías. Con mínimas excepciones aquí, una quijotada saldorojística.

Publicar un libro -toda vez que constituya verdadero aporte cultural- es un trabajo y un trabajo de especial importancia para el país; por tanto, si siendo ese aporte  significativo, recibir respaldo oficial no es simple necesidad sino innegable derecho. Durante los últimos gobiernos -y casi siempre- una verdad culturalmente triste ha sido ver marginada la Cultura, como una cenicienta. Casos de grandes artistas -en este caso escritores- son fehaciente prueba de la indiferencia y falta del reconocimiento debido a grandes pensadores nuestros. Un ejemplo significativo y emblemático fue el de Claudia Lars. Por la profesión y vecindad habitacional, conocí un poco el ser y quehacer de sus últimos años. Varias veces conversé con ella y la entrevisté en su oficina del Pasaje Contreras, La Rábida

En mi más reciente libro Juicio Paralelo (Talleres UCA, abril 2014), hay la siguiente referencia a su labor, su longevidad  creativa y el escaso reconocimiento: “… Claudia Lars, la poeta de mayor renombre en el país, a su avanzada edad continuó trabajando para obtener un modesto salario mensual que, a lo mejor, no correspondía a su desempeño intelectual, menos para la vida digna que su condición de renombrada poeta merecía. Claudia Lars -como otros intelectuales reconocidos- debió haber dejado de escribir para vivir y vivir para escribir… Claudia Lars -termina la mención de mi libro- continuó hasta su muerte con su labor burocrática, la cual, a pesar de todo, no fue obstáculo para desarrollar su admirable fecundidad en una maravillosa y abundante producción literaria, mercancía de Dios, que sin duda alguna pudo ser mayor, si se le hubiera permitido vivir únicamente para escribir…”

 A nivel cultural, se necesita, por lo menos, una esperanza de mejores días para la Cultura.  Los indicios actuales para enderezar este entuerto, parecen prometedores y, de seguir así, borrarán poco a poco la realidad histórica de la falta de apoyo y de promoción que siempre han sufrido la Cultura y sus creadores: los artistas en general. Particularmente, hay confianza en que el conocido antropólogo Ramón Rivas, haga girar la rueda de la fortuna en Secultura y, con un poco de suerte y mucho, pero mucho, respaldo oficial y de la ciudadanía, le de nuevos brillos e impulso al ámbito cultural salvadoreño, tan menospreciado y poco atendido por las administraciones pasadas. Una reinventada y resurgente Secultura, será una buena muestra de cambio para bien de las presentes y futuras generaciones.

……………..

PUNTO Y APARTE. ¿Hay alguien por ahí -versado en la materia y, necesariamente, honesto- que explique y devuelva la confianza y credibilidad a la población honrada, sobre esto de la reserva del Juez  y otras lentitudes que ponen en duda la captura de Francisco Flores, otorgándole visa de cuasi impunidad? (RAO).

Un comentario

  1. Juan Leonardo Alvarenga

    Es que en las naciones centroamericanas hemos estado gobernados por brutos, canallas y hasta por brujos. Talvez se salva de esto un poco Costa Rica.

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