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viernes , 15 diciembre 2017
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Edgar Mauricio Vallejo: un poeta sin muerte

Edgar Mauricio Vallejo: un poeta sin muerte

@davidmar2105

“Nací con las manos abiertas para apretar cambios, buy viagra para apretar pétalos de estrellas y aromas de luna”. Son parte de los versos con que se recordó, malady después de 34 años de desaparecido, online  al poeta salvadoreño Edgar Mauricio Vallejo Marroquín;  un luchador revolucionario e integrante de las Fuerzas Populares  de Liberación (FPL). Vio la luz por primera vez  en Tonacatepeque, San Salvador un 28 de diciembre de 1958 era, además de poeta, un cantautor e ideólogo, que  desarrolló una literatura costumbrista de corte urbana propia que incorporaba elementos de la vida rural y contenido político-social. Y  fue desaparecido el 4 de julio de 1981.

“El no creía que había necesidad de irnos a las armas, pero en ese momento no había mayores opciones. Lo desaparecieron sencillamente porque era muy peligroso, por su pluma, por su letra podía llegar a mucha gente. Era un hombre muy bueno que tenía mucho carisma y por eso era peligroso, pues lo hacía diferente a alguien que solo tenía un arma”, recordó Patricia Márquez, quien fuese compañera de vida del poeta.

Su ingreso a los movimientos sociales se da cuando estudiaba bachillerato en el Instituto Nacional Francisco Menéndez (INFRAMEN), formando parte de las filas del Movimiento Estudiantil Revolucionario de Secundaria (MERS)  para luego ingresar a las FPL, pues pensaba que las clases más desprotegidas debían tener una mejor calidad de vida.

Por ser un ideólogo nunca utilizó un arma, pues pensaba que a las personas se podía cambiar por medio de la educación política, generando conciencia.

Pero eso no lo detenía de participar en tomas de fábricas, donde compuso canciones que servirían para animar a sus compañeros mientras duraba el conflicto.

Por esta labor fue perseguido por los cuerpos de seguridad, lo que obligó a que fuera exiliado en Costa Rica, donde trabajó en la Editorial Centroamericana (EDUCA) en la que tuvo el apoyo de Sebastián Vaquerano.

Luego regresa al país para explicarle al comando central de las FPL el porqué de su partida; y a los tres meses ocurrió su desaparición, en la que actuaron varios hombre armados  que se transportaban en un Jeep, lo tiraron al suelo y golpearon a “culatazos” hasta dejarlo inmóvil y lo trasladaron en un vehículo con rumbo desconocido.

Desde entonces su esposa, Patricia, relata que lo buscaron incansablemente para saber de su paradero, pero 34 años después no han sabido donde quedó su cuerpo.

“Hubo alguien a quien canjearon aproximadamente al año, esa persona se comunicó conmigo y me dijo que Mauricio estaba vivo, estaba en el sótano número tres de la Policía de Hacienda y estaba casi muriéndose, le arrancaron las uñas, lo flagelaron y se enfermó de bronquitis, según me informó esa persona, y me envió un mensaje con él, “dígale a Patricia que la amo”, recordó Patricia Márquez.

Su legado

El escritor deja un legado importante en la literatura salvadoreña, un repertorio literario que estuvo enterrado durante 18 años que consistía en una novela, cuentos, poemas y una obra de teatro, los cuales como familia tienen el objetivo de editarlos y sacarlos a la luz para que la gente conozca más de su obra.

En sus escritos se observa el amor que tenía a su familia, pero más se puede constatar el amor a su pueblo, el que lo llevó a luchar por la justicia social, y que lo obligó a dejar a su esposa con su hijo noches enteras por conseguir su sueño: el de acabar con el sistema capitalista.

Han pasado 34 años de su desaparición y su familia, amigos y seguidores recuerdan su legado, que con cánticos populares, peregrinación y cohetes tratan de mantener viva su memoria histórica.

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