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lunes , 20 noviembre 2017
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Democratizar la cultura debe ser una política prioritaria en El Salvador (Parte 3)

Ramón D. Rivas*

Ramón D. Rivas*

Ramón D. Rivas*

Claro queda en esta  reflexión  que el país presenta una serie de manifestaciones que en su momento fueron creadas y que hoy han sido apropiadas por el pueblo, cialis un ejemplo de esto es el caso de toda la obra artística musical  de don Pancho Lara; y en la plástica, malady la obra costumbrista de don José Mejía Vides, solo para hacer mención.  Muchos de sus creadores ya no existen; pero han surgido nuevas generaciones artísticas que en forma creativa se vienen desempeñando en las diferentes expresiones en que la cultura se manifiesta por medio de lo popular y lo tradicional y esto vale también para muchas otras expresiones artísticas que, naturalmente, son también expresiones culturales.  En este sentido, destacan las diferentes manifestaciones culturales que se ven en pueblos y ciudades; y que van desde aquellos artistas populares que sobresalen con su música creada y recreada, así como los poetas, bailarines, dancistas, payasos  y cantautores; artesanos del barro, la madera, la piedra y demás curiosidades que el medio natural presenta; bailadores, expertos en el arte culinario típico; pupusas, sopa de pata, tamales, gallo en chicha y la comida de las regiones y pueblos con su especial particularidad. Pero también están los cuenta cuentos, con sus relatos y narraciones; líderes espirituales, caciques y políticos locales, así como una buena cantidad de personajes altruistas. Su singularidad, determinada por la creatividad y la espectacularidad de sus configuraciones, así como por el impacto vivencial y emocional que comporta su práctica y su visión, hace que se constituyan en manifestaciones significativas del patrimonio antropológico tangible e intangible del país; y que, además, sean valorados por sus coterráneos. Como ejemplo de ello, tenemos: los artistas populares, los poetas, los artesanos, los organizadores de actividades y eventos comunales, los rezadores, los bailadores, las cocineras, los cuenta cuentos los caciques y los líderes espiritual-social-políticos, entre otros.  Es necesario que los investigadores se orienten en su trabajo a diversos aspectos de la conformación de las numerosas expresiones culturales existentes en el país, ya que estas son el producto de todo un proceso histórico y cultural; que hay que estudiarlo, sobre todo, a partir de la perspectiva de la identidad y de los estudios culturales, para la implantación de programas locales comunitarios, subrayando así la enorme importancia de la cultura en la conformación de identidades; en la forma en cómo la gente se organiza y el papel rector que sigue la organización, de manera que sea posible constituir un espacio social en donde la cultura, fortalecida por el empuje de la gente, no solo contribuya a la confirmación de la identidad local, sino que, a su vez, sea motivo de desarrollo de las mismas comunidades en ese proceso de socialización y puesta en valor, por ende de su identidad. La desnacionalización de la cultura  Ahora bien, es necesario ver qué es lo que pasa hoy en día con todo ese referente cultural que en el precedente se ha abordado. Muchos de los Estados se han desnacionalizado en lo  que respecta al ámbito cultural. Y nuestro país no es la excepción porque sus referentes no están en lo interno; existe una apatía a no valorar lo propio. Es más, creen que  hacer cultura es desarrollar actividades para entretener a la gente. “Viva la cultura, que la historia es nuestra”, dice el eslogan. En muchos casos se toma como referencia otros países. Y se imita haciendo solo lo que se hace en otras partes; y la mayoría de veces se toma como eje Europa, los Estados Unidos y hasta México. En nuestros tiempos esta situación se ha difundido más con las migraciones de millones de compatriotas y con los miles que constantemente son deportados de Estados Unidos, trayendo con ellos rasgos “subculturales”, supuestamente artísticos, difusos y efímeros, a veces, que lo único que logran es atomizar más la agonizante cultura autóctona nacional. Lo mismo se podría afirmar de la música, del cine, las modas, publicaciones, etc., extranjeros. Es necesario dinamizar y valorar lo nuestro, que, sin lugar a dudas, tiene mucho que ofrecernos. La importancia de las ciencias sociales en Centroamérica es precisamente porque puede generar conocimiento desde dentro, de la ya larga y abundante experiencia existente en nuestras sociedades. Edelberto Torres Rivas, en su interesante artículo titulado “El pesimismo de las ciencias sociales”, aboga por sacarnos del conocimiento foráneo y tratar de adaptar esas teorías en nuestro propio contexto, el latinoamericano. El asunto es que necesitamos comprendernos con propuestas científicas endógenas. Esa es la clave. No es que se quiera negar que los científicos de fuera de Centroamérica no hayan hecho aportes importantes en la comprensión del fenómeno en nuestra región; pero la cuestión es que tenemos que ser nosotros mismos —y desde dentro— los que analicemos y demos respuestas a situaciones concretas. Hay temas de suma importancia, y que son parte de esa cultura creada, que ameritan, para el buen funcionamiento de nuestras sociedades y su cultura, ser estudiados; y de esos mismos estudios presentar propuestas; tal es el caso de temas y preocupaciones concretas, como la delincuencia, la gobernabilidad, las poblaciones indígenas y sus pésimas condiciones; la cultura trasnochada, trastocada y transculturizada producto de las continuas migraciones y su impacto en gente sin sentido de identidad; el medio ambiente, las relaciones de género y las relaciones económicas, solo para mencionar algunos. No hay que ver la cultura como un elemento desvinculado de los factores social y económico. El historiador Víctor Hugo Acuña es de la opinión de que los Estados latinoamericanos han desarrollado sus políticas con base en una diferenciación económica y cultural de los habitantes de sus respectivos países. Y es que es precisamente en el ámbito urbano que se han radicado las mejoras sanitarias, educativas, relegando de los sectores culturales a los indígenas y campesinos; y en la mayoría de las veces a las mujeres las han pasado a un segundo plano de atención. Continuará…

*Director. Dirección de cultura. Universidad Tecnológica de El Salvador

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