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miércoles , 13 diciembre 2017
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De principios o de finales

Francisco Javier Bautista Lara*

Desde un esquema simplificado que no trataré en demostrar, dicen que, de cada diez personas, una hará siempre lo correcto, aunque no la controlen, aunque no hayan cámaras vigilando ni policías observando, aunque los mecanismos de supervisión, control interno y auditoría laboral, social, familiar no estén presentes, no los necesitan para hacer lo que hacen basados en sus sólidos fundamentos religiosos, cívicos, ideológicos, culturales, etc. Ellos son “de principios”, “hacen lo correcto” (aunque se equivoquen), ¿cuáles principios? ¿Qué es lo correcto? Convencidos en hacer lo que creen que es su deber, según convicción o convención social, sin que nadie lo exija o recuerde, aunque estén solos y nadie los vea. No requieren premios ni castigos. Algunos dirán “es tonto”, “raro” o “loco”.

Hay, dicen, ocho de cada diez personas, que tratarán de hacer lo correcto siempre y cuando tengan algún control, supervisión, exigencia, reconocimiento o sanción, si los dejan sueltos, tarde o temprano, cometerán algún desliz en cualquier ámbito, con distinta gravedad, en la vía pública se tirarán la roja o desatenderán la raya amarilla y adelantarán, en asuntos laborales, se aprovecharán de algún recurso (combustible, viáticos, impuntualidad, influencia, etc.), de manera discreta u ocasional, en la calle quizás tiren la basura en lugares inapropiados, en la vida familiar, descuidarán sus responsabilidades, serán, como la mayoría, imperfectos, pecadores, aprovechando la ocasión, podrán ser autores de “travesuras”, o quizás “raterías”, y si se sienten fuera del control (institucional, social, familiar, etc.), se les puede ir la mano y caer en abusos de mayor categoría, aunque después rectifiquen, corrijan y se arrepientan. Algunos dirán “es vivo”, no desaprovecha oportunidades, talvez tenga “prosperidad” o termine mal. Esta categoría prevalece en las sociedades que integramos las personas imperfectas, que andamos caminando por allí, cayendo en varios rumbos, mejorando y empeorando a veces.

¿Y qué pasa con el que falta? Dicen que, una de cada diez personas, harán lo imposible por evadir el control y la supervisión de cualquier naturaleza, siempre pensando en inventar, frente a la norma, “la trampa”, para zafarse con menor riesgo, pero incluso, a veces, sin importarle los riesgos y las consecuencias, es decir, según su actitud y comportamiento, estarán pendientes de identificar las fisuras para colarse y aprovechar lo posible. Algunos dirán son “malvados”, otros “hábiles”, algunos escalan posiciones de poder, fama y riqueza sin escrúpulos, pasando encima de quien sea, mintiendo, manipulando y aparentando, atropellando a cualquiera, sin importar (a veces sin percatarse, por costumbre de hacer), del daño que causen, sin inmutarse ante el dolor ajeno, mostrado distintos rostros, con discreción o descaro. Estos últimos, que están en el extremo, -como los primeros en el otro extremo-, son personas “de finales”, no les importa medio, forma, ni circunstancia para obtener lo que buscan, tienen el ojo puesto en el fin, lo demás será un asunto oscuro o invisible, que no les interesa.

Los del medio, la gran mayoría, ocho de cada diez, son “de principios relativos”, a veces frágiles, se oscurecen y aclaran, se consolidan o son porosos, y de “finales”, que a veces sobresalen y en otras se opacan, en la combinación de corrección e incorrección, de aprendizaje y error. De lo que se hace y no se quiere, de lo que se quiere y no se hace. Las personas con fines y sin principios serán malvadas; las de principios sin fines, quizás inútiles, sin resultados, ¿pasar por la vida sin dejar nada?

Esta clasificación limitada no es homogénea en cada individuo, puede cambiar según diversos ámbitos y experiencias; algunos pueden ser muy correctos en su vida profesional y no en su vida privada o familiar, y viceversa. Estas proporciones no son rígidas ni exactas, se modifican con el tiempo, según lo que se cultiva, difunde y transmite, según la cultura prevaleciente, cambian en distintas sociedades y dentro de ellas, entre grupos sociales. Quizás sea esta una referencia útil. Las personas necesitamos algún control y supervisión, si no existe, tropezamos o caemos. Cuidémonos, controlémonos, en el sentido constructivo, unos a otros. ¿Amigo y amiga lectora, dónde estamos, dónde tratamos de estar? ¿Ha pensado en qué categoría se suscribe usted y la mayoría del entorno familiar, laboral y social?

*www.franciscobautista.com

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