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martes , 12 diciembre 2017
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Cuento 1

NARRADOR Un campesino chino se fue a la ciudad para vender la cosecha de arroz y su mujer le pidió que no se olvidase de traerle un peine. Después de vender su arroz en la ciudad, health el campesino se reunió con unos compañeros, site y bebieron y lo celebraron largamente. (AMBIENTE) Después, un poco confuso, en el momento de regresar, se acordó de que su mujer le había pedido algo, pero ¿qué era? No lo podía recordar. Entonces, compró en una tienda para mujeres lo primero que le llamó la atención: un espejo. Y regresó al pueblo.

NARRADOR Entregó el regalo a su mujer y se marchó a trabajar sus campos. La mujer se miró en el espejo y comenzó a llorar desconsoladamente. La madre le preguntó la razón de aquellas lágrimas. La mujer le dio el espejo y le dijo:

MUJER Mi marido ha traído a otra mujer, joven y hermosa.

NARRADOR La madre tomó el espejo, lo miró y le dijo a su hija:

MADRE No tienes de qué preocuparte, es una vieja.

CUENTO 2

NARRADORA Todas las noches, antes de dormir, pasaba horas y horas dando vueltas en la cama, pensando sobre la vida, su signficado y su sentido. Pero estos pensamientos lo deprimían mucho, porque siempre llegaba a la conclusión de que la vida no valía nada, porque al final todos nos vamos a morir.

NARRADORA Cansado de todo eso, decidió empezar una estricta dieta donde la última comida la hacía a las seis de la tarde y así, por las noches, mientras pasaba sus acostumbradas horas dando vueltas en la cama, en vez de pensar sobre la vida, pensaba en lo que iba a desayunar al día siguiente. Y desde entonces fue muy feliz en su ignorancia.

CUENTO 3

NARRADOR Tan pronto salió de su capullo, la mariposa pretenciosa olvidó todo su pasado, y ahora, cuando las orugas curiosas se le acercan para preguntarle si duele mucho convertirse en mariposa, ella las ignora porque no le gusta que la vean hablando con esas orugas gordas y feas.

CUENTO 4

NARRADORA Mark había tenido un hermano gemelo. Se llamaba Bill. Se parecían tanto los dos que nadie podía distinguirlos, hasta el punto que tenían que atarles cintas de colores a las muñecas para saber quién era quién. Un día, los dejaron solos en la bañera y uno de ellos se ahogó. El chapoteo en el agua había desatado las cintas, de manera que nunca se supo a ciencia cierta cuál de los dos había muerto.

MARK Desde entonces, no sé si soy yo o mi hermano.

NARRADORA Un cuento de Mark Twain.

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