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lunes , 25 septiembre 2017
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Cuando el futbol ya no es suficiente …

Julia Evelyn Martínez

Después del triunfo de Brasil en el campeonato mundial de futbol México 1970, cheap cialis Edson Arantes do Nascimento (conocido como Pelé), declaró en una entrevista que sí en Brasil no existiera el fútbol, hace rato que  habría estallado  la revolución. Cuarenta y cuatro años después, las protestas populares frente al costo financiero y humano que ha supuesto la realización del campeonato mundial de futbol Brasil 2014, están obligando a re-pensar la tesis de Pelé.

Ni la pasión nacional por el fútbol ni las concesiones que el gobierno ha realizado a varios de los movimientos en protesta, han sido suficientes para detener el malestar y la indignación en barrios populares, favelas y colectivos sociales,  que le están mostrando al mundo las fallas del “milagro brasileño”  que se había promovido hasta hace poco como prueba de que es posible un capitalismo  con rostro humano.

Los  motivos de tanta indignación y movilización popular son muchos y variados. Estos motivos tienen poco que ver con la ingenua interpretación que hace poco elaboró la presidenta Dilma Rouseff atribuyendo  esta indignación a un “mal humor inexplicable” (El País, 04.06.2014) o con las diversas teorías de la conspiración difundidas por algunos medios de comunicación afines al Partido de los Trabajadores de Brasil (PT),  que advierten de una posible manipulación  de los movimientos sociales por parte  de la oposición política para evitar así  la re-elección del PT en la elecciones presidenciales de octubre  de 2014.

Lo cierto es que el pueblo brasileño está enojado e  indignado,  y todo indica que el fútbol ha perdido su capacidad de antaño de  apaciguar esta furia popular.

En primer lugar, la gente está indignada por la desproporcionada inversión de fondos públicos en la organización del evento y en la construcción y/o  habilitación de obras de infraestructura en las 12 ciudades sedes del mundial.

Inicialmente el gobierno aseguró que la mayor parte de estos recursos iban a ser aportados por empresas privadas mediante la modalidad de Asocios Público Privados (APP), pero ahora se sabe que solamente  la renovación de dos estadios (Sao Paulo y  Porto Alegre) y parte de un tercero (Curitiba)  son de financiación privada, y que el resto han sido financiados con  recursos públicos proveídos por los gobiernos regionales con fondos propios y/o con préstamos del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social (BNDES).

La molestia popular proviene del hecho que estos créditos representan obligaciones futuras para los gobiernos regionales, ya que tendrán que ser pagados mediante  impuestos, es decir, con recursos públicos que potencialmente pudieron destinarse a mejorar la  calidad de vida (movilidad, salud, educación, vivienda, etc.) de la población.

En segundo lugar, la gente está indignada por  el servilismo que el  gobierno del PT ha mantenido frente a las exigencias impuestas por la FIFA para realizar en  Brasil el mundial de fútbol en 2014. Este servilismo  ha implicado la aprobación de leyes en contra de la voluntad popular, al  mismo tiempo que ha provocado que una buena parte de la ciudadanía tome conciencia que el mundial de fútbol no es más que  un negocio dominado por empresas transnacionales,  y que la FIFA es simplemente el organismo supranacional encargado de imponer los intereses de estas corporaciones a los Estados y a los pueblos.

Debe recordarse que por presiones de la FIFA,  en el año  2012  el Congreso de Brasil tuvo que aprobar una ley federal conocida como la Ley General de la Copa, que otorgó a esta entidad poderes y beneficios extraordinarios. Esta normativa permite la exención del pago de impuestos sobre los beneficios que obtenga la FIFA provenientes del mundial, lo equivale a casi $ 680 millones de dólares que no entrarán a las finanzas públicas de Brasil. Esta medida estuvo precedida de un decreto legislativo aprobado en 2011 que concedió  exenciones fiscales a los socios corporativos de la FIFA durante un período de cuatro años, y que benefició las ganancias de empresas como Coca Cola, Sony, Adidas y Visa.

La Ley General de la Copa  establece también la creación de  “zonas de exclusividad”  para la promoción y venta de productos de las marcas patrocinadoras del mundial, las cuales que abarcan dos kilómetros a la redonda de cada estadio sede.  En estos  dos kilómetros,  la circulación de las personas, la venta de productos, la fiscalización del uso de marcas, el uso del nombre del evento  y la mascota, es controlada completamente por la FIFA. Se estima que más  de  300.000 vendedores/as  ambulantes están sufriendo las  consecuencias de estas zonas de exclusión.

Pero el colmo del servilismo gubernamental ha sido la derogación temporal  de la disposición de salud pública que prohíbe desde 2007 la venta de bebidas alcohólicas en los estadios brasileños, y que fue justificada en ese entonces,  como una medida necesaria para  prevenir que la niñez y la adolescencia vincularán la práctica del  fútbol con el consumo de alcohol. Sin embargo, en la medida que esta  disposición afectaba los intereses de la transnacional AB Inbev, propietaria de la marca Budweiser (que tiene un contrato de patrocinio de la Copa del Mundo con la FIFA hasta 2022), se aprobó la derogación de esta prohibición durante el mundial 2014, bajo el entendido que aplicará exclusivamente para la venta de cervezas de las marcas propiedad de AB Inbev.

En  tercer lugar, el pueblo brasileño está indignado por la magnitud de las expropiaciones y desalojos de viviendas que  han  afectado a más de 250,000 personas en las 12 ciudades sedes del mundial de futbol, contra quienes se han perpetrado graves actos de violación a sus derechos humanos.

Sobre esta situación, la Relatora de Naciones Unidas para una Vivienda Adecuada, Raquel Rolnik, visitó las ciudades brasileñas  seleccionadas como sedes del  Mundial  de Futbol para constatar el  proceso de expropiaciones y desalojos de viviendas. En su informe final esta funcionaria señaló que: “El derecho a la vivienda adecuada ha sido violado en prácticamente todos los casos de expropiación. El patrón ha sido la falta completa de diálogo y transparencia con las comunidades y personas afectadas (…..) Y cuando se paga indemnización o un subsidio para el alquiler, los valores son totalmente insuficientes para financiar el acceso a una nueva vivienda. De acuerdo con las leyes internacionales relevantes, una persona jamás puede quedar tras una expropiación en una situación peor que la que tenía antes, pero eso es lo que ocurrió en Brasil”.

En conclusión, el motivo de toda esta  indignación no es el fútbol sino la transformación del fútbol en un instrumento de la acumulación y de la valorización del Capital en la fase del capitalismo neoliberal.

Mientras esta indignación se mantenga y pueda a trascender a otros ámbitos de la realidad nacional y global, puede haber esperanzas de que el futbol deje de ser el actual  espectáculo que  aliena y desmoviliza políticamente a los pueblos, y  se pueda transformar  en un medio para la concientización, la lucha contra el capitalismo  y la solidaridad entre los  pueblos, tal como lo está haciendo el  Sankt Paulli F. C. de Hamburgo.

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