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lunes , 11 diciembre 2017
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CREANDO NUESTRO FUTURO

Dr. H. Spencer Lewis, F.R.C. (No. 1)

Pasado Imperator de AMORC (De la Revista El Rosacruz, mayo de 1949)

Tenacidad de los exploradores en su viaje hacia California

Indudablemente que este es un período en la vida de muchísimas personas en que el pasado queda en el recuerdo y el futuro se asoma como una grave interrogación.

Parece que esas personas estuvieran al borde de un gran precipicio. Detrás de ellos están los campos, montañas y valles por los cuales viajaron con más o menos seguridad y con mucho placer y felicidad, mezclado con períodos de penas y aflicciones que ahora parecen inconexos al enfrentarse al gran abismo lleno del terror de lo desconocido –que les presenta un serio obstáculo a su futuro progreso.

Al hacerle frente a este ancho precipicio, parece que solamente un milagro ayudará a cruzar el gran espacio abierto y les impedirá caer en las negras profundidades, dando fin a su carrera.

En los días primitivos, cuando los exploradores atravesaron por primera vez la gran extensión norteamericana intentando alcanzar los campos auríferos y los fértiles valles de California, hubo muchas ocasiones en que hordas de ellos, en carretas cubiertas y a pie, hicieron frente a situaciones semejantes.

Parecería que el fin de la jornada estaba cerca y sin embargo la meta de sus aspiraciones estaba lejos. Durante días acampaban al borde de un precipicio o cañón y se preguntaban si jamás cruzarían ese gran espacio de millares de metros de profundidad, para continuar su camino al otro lado hacia la meta distante. Estuvieron frente a verdaderos problemas de ingeniería y sin embargo no tuvieron ni la pericia ni los materiales para construir puentes sobre tales barrancos.

La historia de esos exploradores o “pioneros” nos dice que al fin encontraron un camino para ganar el otro lado y continuar hacia el Oeste y sus proezas serán siempre un monumento inolvidable. Su ingenuidad, sus plegarias al Cósmico para obtener inspiración, su resolución, su voluntad y su intrépida fe en la Providencia, los ayudaron a resolver sus problemas.

Cuando se está en el camino sin retorno

Ellos no podían regresar pues habían viajado meses y meses atravesando desiertos donde no había alimentos ni agua, y sus provisiones se habían agotado; esto significaba que o seguían adelante o se quedaban donde estaban hasta morir de hambre. Seguramente que esas personas confrontaron mayores obstáculos que los que surgen ante muchas gentes de hoy que piensan que su problema no tiene solución.

El abismo que se abre ante estas personas de hoy es mental y no físico. Los obstáculos que tienen que vencer son más mentales que físicos en todos sentidos. Es indudable que estas personas están sobre una roca material y que en el momento presente tienen obligaciones y condiciones materiales que atender, pero el precipicio que yace entre ellas y el futuro progreso de su vida no es físico ni puede salvarse con cosas materiales.

El incentivo que animó a los primeros exploradores a enfrentarse a su problema e intentar resolverlo, fue que el futuro que estaba frente a ellos era completamente definido, atrayente y tentador en todos sentidos. No dudaban de la alegría, la felicidad y el buen éxito que les esperaban una vez que cruzaran el gran abismo.

Fue este cuadro de la futura prosperidad y el goce de las más grandes bendiciones de la vida lo que estimuló su determinación de resolver sus problemas.

Los individuos que hoy se sienten deprimidos y que se detienen al borde del abismo de la duda y la incertidumbre, no tienen ante sí el cuadro tentador que los aliente para solucionar sus problemas. No pueden entrever un futuro brillante y feliz, ni pueden ver la meta de sus deseos cumplidos que les espera allá en el horizonte.

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