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domingo , 17 diciembre 2017
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Coyuntura y perspectivas de la economía salvadoreña y el neoliberalismo: un callejón sin salida

Salvador Arias

TERCERA PARTE

En la primera parte de este artículo dije que el mismo constaba de dos partes, pero la complejidad de la situación me ha obligado a extenderlo a, por lo menos, cinco. En esta tercera parte pasamos a analizar otro agente fundamental en la demanda interna de nuestra economía, como es la demanda del Estado, la cual, como veremos no tiene capacidad de dinamizar la economía en el marco del modelo neoliberal que viene funcionando en el país desde 1989.

c. La demanda interna, el peso del gasto del Estado y su aporte a los hogares

La demanda de bienes y servicios del Estado, ya sea como consumidor final o por medio del desarrollo de inversiones, tiene un peso importante en las economías, en el sentido de que es difícil que en un país exista una empresa privada individual que genere por ella misma los niveles de demanda que genera todo el Estado.

Es más, en el marco de las grandes crisis del sistema capitalista, siempre el Estado juega un papel importante para, como dice Marx, refuncionalizar la economía. Por ejemplo, en la crisis del año 1929, el economista Keynes planteó que la manera de superarla era que el Estado incentivara una mayor demanda, ampliando el empleo a través del desarrollo de un masivo programa de inversión pública.

Esto es necesario ante las leyes de funcionamiento del capitalismo, las cuales tienen la tendencia de generar constantemente una sobreproducción, resultado de una creciente sobrecapacidad de producción en relación al desarrollo de la demanda de las economías, producto todo esto de las leyes de acumulación, concentración y centralización del capital, las cuales provocan una dinámica constante de deterioro de la tasa de ganancia del capital, que en determinadas coyunturas provoca grandes crisis, como la del año 1929, la de finales de la década de los sesenta del siglo XX, la del año 2000 y la del año 2008, la cual todavía sigue, aunque el Estado de los diferentes países de las economías avanzadas ha desarrollado programas de canalización de millones de millones de dólares para incentivar la economía, esta vez por medio del sistema financiero, y han trasladado la deuda privada al Estado, el cual ahora está en una situación de gran endeudamiento.

Esta última situación, en sus diferentes expresiones, se da en todos los países capitalistas y a partir del agotamiento de los instrumentos clásicos de refuncionalización monetarios y fiscales (que ahora ha vuelto a incluir el profundizar la explotación del trabajo quitándoles los subsidios que este recibía de parte del Estado y reduciendo los salarios), las expectativas de una gran crisis de corrección en la especulación de los mercados financieros, alimentada por los Estados, se hacen cada vez más presentes y ciertas. Se viene anunciando la presencia de esta crisis desde el año 2016 y se prevé que puede llegar entre este año y el 2021, o antes.

En el caso de El Salvador, al igual que el resto de los países capitalistas, el Estado, como producto del modelo neoliberal, ha ido perdiendo fuerza en cuanto a su capacidad de ser un impulsor dinámico de la demanda interna de bienes nacionales, esto lo analizamos a continuación, para dar un tercer elemento de por qué la demanda que enfrenta la empresa nacional no tiene capacidad de reactivar la economía, después de haber explicado el problema de la demanda de parte de la inversión y de los hogares.

Los gastos totales incluidos en los presupuestos de los años 2015 al 2017 y su peso en el PIB, presentan una tendencia recesiva; así, al medir esta relación en el año 2016, esta era de un 18.1%, y pasa al 17.8% en el año 2017. Esta medición no consideramos que dé una luz total sobre el problema del peso del Estado en la demanda nacional y su capacidad de activarla o desestimularla, por eso pasaremos a comparar el gasto del Estado en la demanda global del país.

Según datos del Banco Central de Reserva y cálculos propios, la demanda del país, entre 2015 y 2017, pasó de 36,978 millones de dólares a US$ 38,200 millones, esto a precios corrientes, o sea, se incrementó en un 3.3% para los tres años, un incremento promedio de 1.1%; lo anterior quiere decir que la demanda real física de bienes ha estado prácticamente estancada, si vemos que las tasas de inflación, para los tres años analizados, fueron de 1%, -0.9% y 1% respectivamente, esto si le descontamos la inflación. En concreto, estamos en una demanda con una tendencia recesiva en términos reales.

Por su parte, el gasto total del Estado se incrementó en un 3.8% en el mismo período, demostrando también un bajísimo dinamismo, dado que el incremento promedio anual fue apenas del 1.27%, esto a pesar de la baja inflación ya mencionada. Ahora, para dimensionar más claramente el peso de la demanda del Estado, hemos tomado lo que, según el BCR, es la demanda del Estado, ya sea por la compra de bienes y servicios finales, como por el gasto en inversión; así, para el año 2016 se calcula que el impacto del Estado en la demanda global fue de US$ 3,711.8 millones, o sea, fue muy inferior al gasto total de este, que para ese año fue de US$ 4,861 millones. Por tanto, el peso de la demanda del Estado en la demanda global del país representa apenas el 9.7%, esto como producto de las medidas del modelo neoliberal, que ha buscado reducir sistemáticamente el peso del Estado.

Para terminar de posicionar la importancia de la demanda del Estado en la demanda global del país, en el siguiente Gráfico relacionamos los gastos totales del Estado con la demanda global, pero restándole el servicio de la deuda al gasto de este. Primero, podemos ver que el servicio de la deuda, para el período 2015-2017, absorbe en promedio el 21.4% de los ingresos tributarios del Gobierno; en segundo lugar, podemos ver que ese servicio de la deuda, para el mismo período, ha significado un peso promedio de 2.4% de la demanda global nacional y el 18.5% del gasto total del Estado.

La restricción presupuestaria estatal por el modelo neoliberal, ha llevado al Estado a reducir sistemáticamente el gasto en desarrollo social, este se ha reducido, solo en los años 2016-2017, en US$ 139.3 millones, que ha llevado a reducciones presupuestarias en los ramos de salud y educación, que son tan vitales para un país tan subdesarrollado como el nuestro. El golpe a la población se termina de marcar por la baja en el FODES, que significa reducir la capacidad de las Alcaldías para atender a la población. Si a esto le sumamos la reducción ya mencionada de los subsidios, podemos ver el origen de la falta de dinamismo del Gobierno por el lado de la demanda nacional. Y si se agrega lo que analizamos sobre el peso del servicio de la deuda en esta baja demanda gubernamental, queda claro que con este modelo el Estado no podrá jamás ser un factor importante en la activación y crecimiento de la economía, y menos en el desarrollo de esta.

Nota: Para el año 2017 el monto presupuestado al ramo de Educación era de US$ 941.9 millones y al ramo de Salud US$ 624.8 millones, pero en abril del presente año se redujeron US$ 4.1 millones del ramo de Salud y US$ 5.6 millones del ramo de Educación, para el pago de pensiones.

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