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jueves , 14 diciembre 2017
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UN CENTENARIO OLVIDADO: LUIS GALLEGOS VALDÉS

UN CENTENARIO OLVIDADO: LUIS GALLEGOS VALDÉS

 

Álvaro Darío Lara,
Escritor

El pasado 30 de agosto, recordé –muy especialmente- el centenario del nacimiento del escritor, profesor y crítico literario salvadoreño, don Luis Gallegos Valdés (1917-1990), quien desarrolló una amplísima labor cultural en nuestro país.

Gallegos Valdés se destacó por su palabra orientadora, sugerente, intuitiva, que alimentó una intensa y sostenida labor periodística y docente; y una producción, donde se destaca –entre sus distintas facetas- su maestría como crítico. Aquí son ya canónicas, sus obras: «Panorama de la Literatura Salvadoreña» (Versión ampliada y corregida para UCA-Editores en 1981) y «Letras de Centroamérica» (Dirección de Publicaciones, 1990). Amén de otros textos que recogen sus ensayos y conferencias, verbigracia: «Tiro al Blanco» (ensayos, Dirección General de Bellas Artes, Ministerio de Cultura, Editorial Ahora, 1952), «Caricaturas Verbales» (conversaciones con el caricaturista Toño Salazar, Dirección de Publicaciones, 1982) y el texto de creación: «Plaza Mayor» (Evocaciones, Dirección General de Bellas Artes, Ministerio de Cultura, 1960).

Por otra parte, Gallegos Valdés fue miembro de distintas organizaciones cívico-culturales, funcionario gubernamental en el área de cultura y diplomático en París y Roma, de 1967 a 1972. Recibió además, múltiples distinciones nacionales e internacionales.

Don Luis, perteneció, generacionalmente, a ese grupo de escritores que irrumpieron en la escena nacional hacia los años 40; y fue parte de los intelectuales que impulsaron, con mucho entusiasmo y dedicación, la política cultural que, desde el Estado, se articuló entre los años 50 y 60, principalmente. Una época fundacional para el país, que debe ser estudiada desapasionadamente, ya que señala una preocupación notable por atender los problemas educativos y culturales, entendiéndola, desde luego, desde la óptica político-ideológica de quienes detentaban el poder. Una época que se vuelve aleccionadora para el tiempo presente.

El también recordado Dr. Francisco Mena Guerrero, ya fallecido, en su artículo «Evocación de Luis Gallegos Valdés a dos años de su muerte» (El Diario de Hoy, página Filosofía, Arte y Letras, sábado 15 de febrero de 1992) nos dice en un fragmento: «Pero volviendo a su casa (de Gallegos Valdés), a la usanza del San Salvador post-terremoto de 1917, amplia y límpida, las puertas con cristales, una sala señorial, una oficina y biblioteca, grandes aposentos, un jardín cuidado y un limonero antiguo y florecido, a cuya sombra –Luis que escribía en máquina- me copiaba los artículos que le dictaba y que don Miguel Pinto me publicaba en su diario. Fue así como una tarde me enseñara su producción temprana de escritor, que no había publicado. Yo lo llevé al Diario Latino en 1942, ante don Miguel, y allí comenzó sus publicaciones. De entonces, publicó en diarios y revistas muchísimas crónicas, reportajes, artículos, biografías, crítica literaria, etc., en una prosa magnífica clara y documentada.
Y ese poeta íntimo que fue Rolando Elías (1940-1999), asimismo, lo trae a la memoria, en su artículo «Momentos con Luis Gallegos Valdés» (El Diario de Hoy, sábado 18 de enero de 1992), haciendo una excelente descripción del maestro. Veamos: «Gallegos Valdés –don Luis, Luisito, o simplemente Luis- caminaba con parsimonia, como contando los pasos, vestido siempre de traje entero, a la usanza de un caballero antiguo, con su esposa Conchita, del brazo. Iba siempre con la cabeza levantada, como oteando el horizonte, porque el escritor parecía siempre más atento al fluir de sus pensamientos que al entorno circundante».
Rememoró a don Luis, el día, que si no la memoria ingrata no me traiciona, lo conocí, esto fue en el Teatro Nacional de San Salvador, con ocasión de la premiación del Certamen Estudiantil «Francisco Antonio Gavidia», promovido por la Liga Panamericana de El Salvador, el 17 de abril de 1982. Yo había enviado un ensayo, que no resultó ganador; sin embargo, José Castro Fernández, un condiscípulo mío del Instituto Cultural «Miguel de Cervantes», centro de estudios del cual me bachilleré en 1983, ganó el primer lugar. Movido por esto y cubriendo el acto para «El Cervantino», periódico colegial del cual era director, asistí. Don Luis era jurado del premio, y fue muy grato para mí conocerlo. Luego pude escucharlo en varias ocasiones, en las conferencias que el Departamento de Letras, del otrora Ministerio de Cultura y Comunicaciones, organizaba en el mismo Teatro Nacional.

Tengo muy vívidas esas conferencias sobre diversos temas literarios, así como a la licenciada Refugio Duarte de Romero, directora del Departamento, quien las conducía y animaba. Después de bachillerarme, al iniciar mis estudios de Letras en la UCA, en 1984, frecuentemente encontraba a don Luis, en las calles e inmediaciones de la Colonia Jardines de Guadalupe, donde residía. Le gustaba pasear. Años atrás había aparecido, junto a la doctora Matilde Elena López, al frente de espacios culturales en la televisión nacional, donde ambos desplegaban su erudito conocimiento, su don de gente y su lenguaje tan entrañable.

Un gran conversador, don Chito Gallegos, un estupendo maestro, un hombre noble, que estimuló tantas y tantas vocaciones literarias, y que nos hizo querer tanto nuestro idioma, y el fascinante mundo de la palabra impresa. Un devoto del siglo de oro español, de los grandes prosistas del siglo XIX, y de su amada Francia.

Este 2017 se rememoran otros centenarios: el del terremoto que destruyó San Salvador, el del nacimiento de Mons. Óscar Romero; y desde luego, uno muy próximo, el natalicio del poeta y escritor Hugo Lindo; sin embargo, hemos pasado por alto, el centenario de don Luis Gallegos Valdés, un olvido imperdonable (¡Cómo tantos que caracterizan nuestra cultura!).

A pesar de ello, vayan estas palabras para recordar a ese hombre y a esas promociones de auténticos mentores, que muy sabiamente ejercieron la docencia, la crítica, la escritura, no desde la fatuidad, la pose, el egoísmo o la mala fe; sino al contrario, desde los más auténticos valores humanos. Un ejemplo luminoso para nuestros días y para el mañana. Descanse en paz, en su centenario, don Luis Gallegos Valdés.

 

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