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sábado , 16 diciembre 2017
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Castigo, S.A. de C.V.

Orlando de Sola W.

La Sociedad Anónima de Capital Variable es una ficción jurídica muy frecuentada por empresarios. Les permite cierto anonimato y alguna flexibilidad tributaria. He escogido esa figura para fabricar un parangón con la Oclocracia Punitiva, que es un sistema de organización social basado en la demagogia y en la obsesión con el castigo.

Oclocracia, según Aristóteles, es un gobierno de muchedumbres engañadas. No debe ser confundida con la Democracia, que es poder del pueblo. La Oclocracia se vuelve punitiva cuando los obsesionados con el castigo son mayoría y lanzan la primera piedra sin examinar, ni lavar su conciencia.

El lavado de conciencia es parecido al de dinero, que sirve para expiar culpas propias y ajenas. Pero las culpas colectivas no se lavan castigando a unos cuantos “chivos expiatorios”, sino con plena introspección.

Nuestro sistema no es capitalista ni democrático, sino mercantilista y oligárquico. Nuestra forma de gobierno no es republicana, democrática y representativa, sino oclocracia demagógica. Para cambiarlo debemos examinar nuestras instituciones y, sobre todo, nuestra capacidad individual para discernir entre lo bueno y lo malo.

Necesitamos un examen de conciencia individual antes de lanzar “la primera piedra”, que no busca remedio sino venganza. Más que castigo lo que necesitamos es catarsis. Una purificación emocional, un lavado de mentes y corazones agobiados.

Catarsis no es venganza social, aunque hayan razones para condenar el sistema y sus instituciones. La paz no vendrá hasta que examinemos nuestras razones de Estado, que no pueden ir contra los derechos individuales a la vida, libertad y propiedad de nuestros cuerpos, mentes y corazones.

Sabemos que en el pasado el derecho a la propiedad ha sido confundido con esclavitud y servidumbre. Pero es difícil encadenar mentes y corazones, aunque es posible engañarlos y someterlos con abundante demagogia. Esa es la Oclocracia que debemos rechazar.

La persecución y castigo de lavadores de dinero se presenta como la panacea, sin recordar que el dinero es Medio de Intercambio, Expresión de Valor y Método de Atesoramiento. Esas funciones del dinero pueden abarcar lo que llamamos “lavado”, aunque sea producto de la explotación humana.

En ese sentido, las reglas contra el lavado no son consistentes, porque no contemplan la persecución y castigo de explotaciones agrícolas, bancarias, comerciales, industriales y demás, enfocando casi exclusivamente en los que llevan narcóticos a los consumidores del norte y los que se encargan de “lavar” las ganancias de ese deporte, tan globalizado por la rampante alienación y anomia.

En la época de la prohibición de bebidas alcohólicas en Estados Unidos se cometieron muchos crímenes por su consumo, fabricación y comercio, hasta que fue permitido. Castigo, S.A. de C.V. no funciona porque pretendemos expiar culpas que no son de aquí, que no son nuestras. Si aceptamos la doctrina prevaleciente, el Pecado Original es de todos. Pero el bautismo que sirve para limpiarlo no es de aquí, ni es de allá, porque depende de la Prudencia, Justicia, Fortaleza y Templanza con que actuamos, individual y colectivamente.

No podemos seguir con condenas mediáticas a Chivos Expiatorios sin antes examinar los Motivos del Lobo, que no pueden ser convertidos en Razones de Estado, pero deben servir para recordarnos las Raíces Torcidas y las Venas Abiertas de América Latina, proveedora de materias primas y mano de obra barata a sus variados conquistadores y explotadores.

No es sacrificando Chivos Expiatorios para lavar pecados ajenos que reformaremos nuestro equivocado sistema, su régimen, instituciones, empleados y funcionarios. Para ello necesitamos un profundo examen y Catarsis Nacional, que al parecer no interesa.

Talvez cuando prioricemos nuestras necesidades y posibilidades podremos salir del atolladero electorero, cuyo próximo episodio promete oscurecer todavía más el confuso panorama. Debemos, sin embargo, seguir esa periódica pantomima electorera, que no significa Catarsis. Así está escrito en el guión de Estados Unidos, que se autoproclamó Gendarme de la Democracia desde el fin de la Primera Guerra Mundial.

Lo que parece surgir desde el fin de la Guerra Fría es un Orden Tripolar, no el imaginado por la Comisión Trilateral del Presidente Carter y sus asesores. La OEA es parte de ese orden, todavía indefinido. Y el papel de América Latina será redefinido en México, en la frontera del caos, no en Venezuela.

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