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Miércoles , 20 Septiembre 2017
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¡Así somos los salvadoreños! ¿o no?

Nelson López*

Terminó 2016 y lo único que se me ocurrió fue compartirles este regalo especial que me enviaron a través de las redes sociales asegurándome que no debía preocuparme por los derechos de autor. ¿La verdad? ¡me vale! Así que disfrútelo porque aunque usted amigo lector lo haya leído una vez… dan ganas de leerlo más veces… simple y sencillamente porque ¡así somos! ¡Feliz año nuevo!

Este correo me lo enviaron desde Nueva York y Australia con el siguiente nombre: “Gabriel García Marquez conoce a Roque Dalton”. Disfrútelo.

LOS SALVADOREÑOS

Gabriel García Márquez

No hay nadie que no conozca a un salvadoreño o, por lo menos, conoce a alguien que conoce a un salvadoreño. De todas maneras, le preguntaron en una ocasión a un reconocido sabio maestro: ¿Qué es un salvadoreño? Su respuesta fue la siguiente: ¡Ah, los salvadoreños… que difícil pregunta! Los salvadoreños están entre ustedes pero no son de ustedes. Los salvadoreños beben en la misma copa la alegría y la amargura. Hacen música de su llanto y se ríen de la música. Los salvadoreños toman en serio los chistes y hacen chistes de lo serio. No creen en nadie y creen en todo. ¡No se les ocurra discutir con ellos jamás! Los salvadoreños nacen con sabiduría. No necesitan leer, ¡todo lo saben! No necesitan viajar, ¡todo lo han visto! Los salvadoreños son algo así como el pueblo escogido, por ellos mismos. Los salvadoreños se caracterizan individualmente por su simpatía e inteligencia y, en grupos, por su gritería y apasionamiento.
Cada uno de ellos lleva en sí la chispa de genios y los genios no se llevan bien entre sí, de ahí que reunir a los salvadoreños es fácil, pero unirlos es casi imposible.
No se les hable de lógica, pues eso implica razonamiento y mesura y los salvadoreños son hiperbólicos y exagerados.
Por ejemplo, si te invitan a un restaurante a comer, no te invitaron al mejor restaurante del pueblo, sino al mejor restaurante del mundo.
Cuando discuten, no dicen: no estoy de acuerdo con vos sino ¡estás completamente equivocado! Tienen tendencias antropofágicas; así entonces ¡se la comió! Es una expresión de admiración y comerse a una mujer guapa es señal de una situación admirable.
Decirle a alguien “come mierda” es un insulto lacerante.
El salvadoreño ama tanto la contradicción que llama “culo” a las mujeres hermosas “animal” a los eruditos.
Si te queja alguna situación de salud te advierten, ¡hermano, debiste hablar conmigo para llevarte donde un chero mío que es médico cabrón! Los salvadoreños ofrecen soluciones antes de saber el problema. Para ellos nunca hay problema. Saben lo que hay que hacer para erradicar el terrorismo, encausar a países pobres del Caribe, eliminar el hambre en África, pagar la deuda externa, quien debe ser presidente y cómo Estados Unidos puede llegar a ser una potencia mundial.
No entienden por qué los demás no les entienden cuando sus ideas son tan sencillas y claras, y no acaban de entender por qué la gente no quiere aprender a hablar castellano.
¡ah, los salvadoreños… No podemos vivir mucho con ellos, pero es imposible vivir sin ellos!
Dedicado con cariño a los habitantes del mejor país del Mundo…

(Ojo: no le garantizo que sea el mismo Gabriel García Márquez que nos hicieron leer en secundaria).

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