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lunes , 11 diciembre 2017
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Argentina recupera la épica  para reengancharse a la historia

Argentina recupera la épica para reengancharse a la historia

Lionel Messi, ampoule frustrado y frustrante durante todo el partido, try salió corriendo hacia el arco, cialis disparado hacia esos tres palos que no había visto de cerca en toda la tarde. El “gooool” no le cabía en la cara, reía y lloraba a la vez, síntesis de la épica recuperada por Argentina para reengancharse a la historia.

 “¡Uno más!”, dijo enfático Alejandro Sabella, el técnico albiceleste, dos segundos después de sellarse el 4-2 de Argentina sobre Holanda en la definición por penales. El técnico se sumergió feliz en una cancha que ya era fiesta y aquelarre en torno a un héroe, Sergio Romero, el arquero que atajó dos de los cuatro penales que le lanzaron tras el 0-0 en los 120 minutos de juego.

El húmedo césped de la fría y lluviosa tarde en Sao Paulo mostraba a un grupo de futbolistas locos de felicidad: Argentina estaba, 24 años después, nuevamente en la final de un Mundial, la quinta de su historia.

Tras el cero invariable, sólo los tiros penales podían definir quién se mediría a Alemania el domingo en la final del Maracaná, y en ese momento Argentina recuperó la memoria de una parte muy importante de su historia: de las cuatro veces que había definido un partido en el Mundial por tiros penales, sólo había perdido una, los cuartos de final de 2006 ante Alemania, y ganado las otras tres.

Yugoslavia en los cuartos de final de Italia 90, los anfitriones en las semifinales de ese mismo Mundial e Inglaterra en los octavos de final de Francia 98 se inclinaron ante la albiceleste. Casi siempre que hubo penales, Argentina supo cómo salir adelante.

Si en 1990 el héroe fue aquel atajapenales llamado Sergio Goycochea, ayer el hombre fue Sergio Romero, que bloqueó los tiros de Ron Vlaar y Wesley Snejder.

Fueron seis minutos que concentraron las emociones contenidas en los 120 anteriores de un choque en el que el gol pareció vedado para ambos.

El partido había sido un gran tablero de ajedrez con todas las piezas moviéndose tal como los dos entrenadores habían previsto. Atractivo e interesante para los amantes de lo táctico, menos para un público que venía de ver ocho goles en la semifinal del día anterior con el 7-1 de Alemania sobre Brasil.

Messi, el genio que siempre se espera que frote la lámpara, ni siquiera pudo tocarla: Holanda, con una marca escalonada infranqueable, secó al “10” del Barcelona, que además no estuvo precisamente inspirado.

El argentino no fue el único anulado. Arjen Robben, el otro zurdo estelar del partido, casi no tocó la pelota en el primer tiempo, aunque pudo soltarse en los tramos finales. Robin Van Persie se fue a los 96’ sin haber aportado peligro.

Si Romero fue el héroe de los penales, Javier Mascherano fue el del partido. Sin él, Holanda estaría probablemente el domingo en su cuarta final de un Mundial. Con él, Argentina encontró un seguro para tapar las pocas grietas que surgieron en el final -clave su despeje con lo justo ante Robben ya en el 90’-, también el espíritu para creer que la final era posible.

El Itaquerao mostró a una Argentina paradójica: jugó su mejor partido del torneo, pero no logró ninguna situación seria de cara al gol.

Como en 1990, el arco se le agrandó a la albiceleste en el momento de los tiros desde los 11 metros en la misma proporción en que se le achicaba al rival: de 22 penales ejecutados en Mundiales, Argentina lleva 17 anotados, cuatro atajados y uno al palo. Le remataron 23: sólo 14 fueron gol, ocho se atajaron y uno dio en el travesaño.

El “Holanda, Holanda” que entonaron los pocos brasileños en el estadio con ganas de cantar hoy fue efímero. En el final, Argentina tapó todo con el grito del gol de Maxi Rodríguez, se compadeció del rival de siempre que luchará el sábado por el tercer puesto en Brasilia ante Holanda y desató todos sus sueños de ser tricampeón nada menos que en el Maracaná.

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