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martes , 12 diciembre 2017
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Agora cuscatleca: ¿Por qué ese miedo a la Puerta Del Diablo?

Carlos Girón S.

– ¡A buen pue! Miren a esos.  Como si no hubiera cosas más serias e importantes de las cuales ocuparse y preocuparse, gente desocupada, crédula, supersticiosa y miedosa, ha salido con la ocurrencia de pedir que se le cambie nombre a nuestro famoso atractivo turístico que es la llamada “Puerta del Diablo”, en Los Planes de Renderos, lindante con Panchimalco –dijo Maria, la de las pupusas de arroz con loroco..

–Filadelfo, el del carretón con hot dog, le responde: Sí, usted, como si no vieran que ese lugar es un atractivo turístico  –como similarmente los hay en tantos otros países—  y que ha estado allí siempre, desde antes de los  tiempos de nuestros indios de Atlacatl.

–“Le quieren cambiar el nombre los que –por andar con malos pensamientos e intenciones– sienten la influencia maléfica de ese personaje llamado Diablo”, agregó Julia, la de la mochila a la espalda con el café y pan  –que esa mañana estaba bien solicitada por los muchos parroquianos ya reunidos allí en el Ágora.

–“ ¿Y quién demonios anda con esa idea boba, para no llamarla de otra manera?, preguntó Jeremías, el taxista de la acera.

–“Pues, ¿va a creer usted?, dicen que son unos religiosos que, tomando en serio la cosa, se han dirigido a la Asamblea Legislativa a pedir que esos padrastros de la patria tomen en serio la pretensión y acuerden el cambio del nombre,  acotó Federico el lustrador.

Julia, la vendedora del mercado añadió que una pobre madrastra de la patria se hizo eco de la atolondrada idea y le dio respaldo para seguir el proceso.

Tomás, el fontanero, saltó adelante para abundar en lo dicho por la Julia diciendo que era una tal Lucía de León, del partido arenoso, la del respaldo a la peregrina idea. Y no sólo eso. También los otros partidos derechistas, esos enemigos de nosotros, el pueblo, le han dado su respaldo a la loca idea, añadió.

–“Y, miren –agregó la Julia–, pierden el tiempo en estas bagatelas en vez de apoyar el proyecto del Gobierno sobre el caso de las pensiones, con lo que le servirían de veras al pueblo y en particular al sector de los trabajadores, en vez de pasarles sus ahorros a las AFPs de los ricos banqueros.

–“Suerte que nuestras autoridades no se duermen, pues de inmediato la Secretaría de Cultura de la Presidencia de la República –comentó Josefina, la vendedora del mercado– ha salido al paso  –como dicen los reporteros—  a tan ridícula idea y ha dicho que la iniciativa “no procede por la naturaleza histórica” –del referido paseo turístico—. Y, si leen en este mismo periódico la noticia sobre este asunto, verán que la misma dependencia se apoya en la Ley Especial de Protección al Patrimonio Cultural de nuestro país.

–¿Y qué dirá esa ley?, se asomó a preguntar Lucrecia, la del canasto con bisuterías cosmética de belleza.

El universitario que acertaba a pasar por allí en ese momento respondió:  “Esa ley dice, en una parte que ¨queda terminantemente prohibido cambiar los nombres de lugares autóctonos con los cuales son conocidos los bienes culturales…  lugares históricos, áreas, zonas o sitios culturales de El Salvador… y así por el estilo va la ley”.

–¡Ajá!, por allí va el amarre, miren¨, señores, acotó el taxista: “más claro, no canta un gallo”.

El universitario añadió: y roguemos que no vaya a saltar la bendita Sala Inconstitucional diciendo que esta ley es como el montón de otras cosas que han revertido por considerarlas contrarias a la Constitución, sin que se les ocurra mirarse ellos mismos en el espejo.

El señor bien trajeado que se asoma por allí a ver y oir a los filosofitos, agregó su comentario diciendo: “Esas gentes que tienen tirria contra el Rey de las Tinieblas, al que por algo que llevan escondido, le tiemblan, muestran una supina ignorancia, pues habrían de saber que en muchos lugares del mundo hay sitios también turísticos que llevan el apelativo del demonio”. Y siguió diciendo: los hay en España, Inglaterra, la Florida, México, Guatemala, y varios otros. En España hay las llamadas Cuevas del Diablo, en Salamanca, Alcalá, aquí cerca en Chimaltenango (Guatemala), en Mazatlán, Iztaplapa (México), y así, donde usted quiera las hallará y no sé que algún bayunco ande proponiendo que les cambien el nombre. Lejos de eso, tales sitios los promueven aquellos países como atractivos turísticos.

Y siguió diciendo el susodicho señor bien trajeado. ¿Y saben? “Haciendo un poco de historia, SECULTURA señala que, aquí en el país, el nombre de Puerta del Diablo se originó por los varios relatos que se transmitían de boca en boca, como es la leyenda sobre la supuesta aparición del demonio a Rosendo Renderos y a su hija, quienes eran los propietarios de los actuales Planes de Renderos. Pero, esas son leyendas, cuentos de camino real, amigos.

Tomás tomó la palabra para decir: Señores, el palique ha estado muy interesante y las opiniones han sido todas válidas. Sólo nos queda confiar en que los padrastros no le hagan caso a los descocados que quieren el cambio de nombre a este nuestro sitio turístico, en donde muchas parejas de enamorados iban y siguen yendo, a hacerse promesas de amor inspirados en la majestad del paisaje de esa hermosa puerta natural que da hacia Panchimalco y el mar en el horizonte.

–Sí, dijo Fidelina,  crucemos los dedos de las manos para que no intenten salir con otra grosería como aquella que pretendía también cambiarle el nombre a la calle San Antonio Abad para ponerle el del asesino de Monseñor Romero.

–¡Dios guarde!, remató Julián, el sorbetero de carretón.

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