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domingo , 10 diciembre 2017
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¿A quién seguiremos?

¿A quién seguiremos?

Álvaro Darío Lara

Escritor y poeta

En tiempos de turbación, de constantes incertidumbres, personales y sociales, los seres humanos tienden a buscar doctrinas, liderazgos, grupos, que puedan otorgarles sentido a sus vidas, darles esperanza, consuelo y una finalidad que sustente y oriente su existencia. Esto es comprensible. Sin embargo, en muchos de los casos, el fanatismo, el sectarismo, la intolerancia, hincan sus dientes en estas rutas, desnaturalizando los propósitos iniciales y las expectativas de quienes, de forma sincera, buscan la luz.

Pese a esto, y al igual que en el arduo camino de la recuperación de las adicciones, no hay profeta ni salvador anunciado, es únicamente el radical yo interior, quien puede conducirnos hacia la paz y hacia la verdadera armonía. Nadie es capaz de hacer por nosotros, lo que únicamente nos compete a nosotros mismos.

Salarrué, nuestro querido Sagatara, de gran espiritualidad forjada en los senderos místicos, bebió de distintas fuentes espirituales, tomando aquello que emanaba de muchos credos, pero que era común: el necesario conocimiento de sí mismo, y el  amor compasivo, que encuentra en toda la naturaleza viviente a la suprema divinidad.

Poseedor de una irrenunciable vocación hacia la libertad individual, Salarrué, nunca se ató a los dogmatismos confesionales. Al contrario, practicante de la meditación y del silencio, vivió de forma sencilla, volcado hacia la belleza del mundo patente y latente.

Uno de las personalidades místicas más impactantes del siglo XX, fue sin duda, el Sabio de Ojai, Krishnamurti, un niño hindú que fue formado por la Sociedad Teosófica, bajo la especial tutela  de Charles Leadbeater  y Annie Besant, figuras prominentes de esta escuela esotérica, quienes vieron en él, la encarnación de un nuevo Instructor Mundial. Para tal efecto, le fue creada, en 1911, una organización propia: “La Orden de la Estrella de Oriente”.

Krishnamurti sería el nuevo Avatar. Pero, para sorpresa de propios y extraños, Krishnamurti disolvió la organización en 1929, siendo enfático al afirmar que él no era ningún mesías. Desde entonces, rompió con la Sociedad Teosófica, y emprendió una ruta personal donde compartió, de forma libre, las antiguas enseñanzas del autoconocimiento.

Kirshnamurti siempre enfatizó la importancia del camino personal, en temas de espiritualidad, y la negación de cualquier doctrina o movimiento que se publicitara como la única y legítima escuela depositaria de la verdad.

Al respecto dijo: “Lo que estamos intentando es ver si podemos lograr de manera radical una transformación de la mente. No aceptar las cosas como son, sino entenderlas, profundizar en ellas, examinarlas. Entregar tu corazón y tu mente, con todo lo que tienes por descubrir, una manera diferente de vivir. Pero, eso depende de ti y de nadie más. Porque, en esto, no hay tutor, no hay alumno, no hay líder, no hay gurú, no hay maestro, no hay salvador. Tú mismo eres el tutor y el alumno, tú eres el maestro, el gurú, eres el líder. Tú lo eres todo! Y entender es trasformar lo que es”

Finalizamos con unas palabras del mismo Krishnamurti: “Si posees claridad, si eres una luz interna para ti mismo, nunca seguirás a nadie”.

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