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Miércoles , 16 Agosto 2017
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1814-2014 Bicentenario del II Grito de Independencia

César Ramírez
@caralvasalvador 

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El próximo 24 de enero de 2014 será el Bicentenario de un acontecimiento histórico que nos orgullece como nación, pilule nuestro pueblo muestra al mundo su firme determinación de independencia bajo cualquier circunstancia, la sed de libertad en diversos aspectos: desobediencia civil, organización, foros de opiniones políticas, libertad de imprenta, estos elementos se deben a la promulgación de la Constitución de Cádiz de 1812. El Capitán General del Reino de Guatemala José Bustamante y Guerra informa a sus Superiores del acontecimiento de 1814: “En los pueblos que se conmueven para libertarse de alguna vejación determinada, removida la causa de la inquietud, se establece al momento la calma y se gozan todas las dulzuras de la paz. En los que se agitan para declararse independientes, las medidas generosas, tomadas para remover las causas que se pretextan, no cortan la raíz el mal, y los inquietos se aprovechan de ellas para allanar su inicua carrera. Se quitó a San Salvador al europeo que los mandaba como Gobernador intendente; se concedió (indulto) absoluto a autores del primer movimiento, se nombró jefe político a un criollo hijo de esta capital; se les dio la constitución más liberal que podía necesitarse; se les declararon derechos que no conocían ni deseaban anteriormente. Los resultados no han sido, a pesar de esto, los que debían esperarse. Se disputa con furor, dice el jefe político, sobre la constitución; los pueblos parecen academias; apenas será en el vecindario el uno por ciento el que merece absoluta confianza; el espíritu de la insurrección avanza a largos pasos; los planes del 1814 han sido más malignos que los de 1811; y si en las primeras conmociones se fijaron en puntos determinados, en la última se avanzaban a meditar una constitución formal de independencia. Vivo sigue en América  el sentimiento interno de libertad; y al mismo tiempo se ha abusado del derecho de elección concedido a los pueblos, haciéndolo en los de peor nota, en los sospechosos, o por lo menos en los de concepto muy dudoso; se ha abusado de la autoridad dada a los ayuntamientos, pretendiendo éstos extenderla aun a departamentos que notoriamente no les corresponden y tomando un tono de superioridad muy ajeno de su instituto; se ha abusado de la institución generosa de las diputaciones provinciales, intrigando para que sean unas pequeñas cortes;  se ha abusado de la libertad de imprenta, publicando papeles que esparcen semillas venenosas, cuya vegetación será algún día muy difícil embarazar…” así calificaban las autoridades coloniales las legítimas aspiraciones del pueblo: “La clase de los que se llaman principales ha sido en efecto la primera que manifestó  ideas subversivas y  principios dañinos al sistema de oligarquía, a que aspira. Comienzan al presente a manifestarse en la clase media a la cual era natural que se comunicasen, pero puede decirse que en lo general no han penetrado hasta ahora a las clases ínfimas; y éstas se han conmovido en algunas provincias, ha sido sin duda porque como autómatas infelices se mueven según la dirección de las manos que los impelen”… se justifica la represión y se otorga a San Salvador la iniciativa insurreccional: “La historia de la presente revolución de América: Quito, Caracas, Nueva España y otras infortunadas provincias ofrecen ejemplares en abundancia; y en esta capital de Guatemala, en Granada, en León, en San Salvador, se presentan reincidencias tan escandalosas como tristes”. Aquellas palabras son el reconocimiento de nuestra tradición insurreccional libertaria.

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